… Encontrar algo magnífico mientras se busca otra cosa, descubrir algo valioso por casualidad, realizar por azar un acto de sagacidad, esto es Serendipity…
Un día...
Vamos a amanecer juntos y me voy a levantar temprano para prepararte el desayuno,
te hare los mejores hot cakes que has probado (eso me tendrás que decir para que yo sienta que mis esfuerzos son valorados) y te los serviré al lado de un delicioso huevito con tocino y un jugo de uva porque se que es el jugo que más te gusta,
desayunaremos delicioso entre risas y besos, y la luz del sol entrará por nuestra ventana y no existirá otro tiempo, ni otro lugar ni otro momento que no sea estar juntos tu y yo sin nada a nuestro alrededor que no seamos nosotros mismos.
Que así sea.
---- Así decía el mensaje, que nunca le envíe y que borre en el instante.
Llovimos tanto que me ahogué, Elvira Sastre
que un trueno acabó atravesándome la garganta,
y tuve que escapar.
"Tu vida o tu corazón", me dijo alguien,
"Quiero pasar mi vida en el suyo", le dije yo,
pero eso no era posible,
era tan imposible como un amor platónico cumplido,
como tu y yo cumplidas,
como tu,
como pedirte que te quedaras después o vinieras antes,
como mantenerte encendida al otro lado de la calle
viéndote por la noche sin poder tocarte
y no consumirme en el esfuerzo
de querer tu imposibilidad al lado de mi almohada,
como negarte a ti y no negarme a mi en el intento,
como olvidar tu pelo,
como fingir que no estás detrás de cada palabra que me perturba,
como pretender saber no echarte de menos y conseguirlo,
como asentir creyendo que es cierto eso
de que es el frío el que hace las ausencias mas largas,
cuando ahora la única que existe
es la tuya en medio de este incendio de cenizas.
Te acabas de ir y tus ruidos ya se escuchan por las noches.
Era tan imposible, -tan imposible
como pedirte que te quedaras conmigo-.
La tormenta me sorprendió contigo atrapada en la mirada,
lanzando botellas al mar llenas de besos que nunca llegaban,
que se extraviaban, que se equivocaban de puerto,
que se rompían intentando llegar a mi boca
y confundían mis barcos,
y me llenaban de cristales los labios que,
pegados a la ventana, congelados,
solo esperaban verte aparecer.
Y entonces un día me dejé vencer,
olvidé donde buscarte,
comencé a despegar tus nudillos de mis pulmones,
me eché la sal de tu sudor perdido en los ojos,
prohibí tu olor en mis domingos,
y escribí todos los antónimos de tu nombre en mis ventrículos;
si no te olvido a ti, no les olvidaré a ellos,
y al final lo único que quedó
fue un miedo tan inmenso como inconfesable,
y un deseo,
solo quería marcharme de ahí y dejar de esperarnos,
irme lejos,
pensando que lejos es donde no estas,
sin darme cuenta de que donde realmente estas es en mí,
y que no te iras hasta que yo lo decida.
Pero empezaba a tener frío, y tu no venias a curarmelo,
así que tuve que pedirte sin decírtelo
que me volvieras a dejar en tierra y siguieras con tu vuelo,
pero antes quise hablarte del cielo que te rodea,
de que cuando hablas realmente creo que los relojes carecen de sentido
si no es para pararlos y escucharte un rato más
-solo un ratito mas, lo juro-,
que tuve todos los continentes en mis bolsillos después de tu abrazo,
porque cuando tu respiras
el mundo, a veces, se paraliza,
y otras, en cambio, se tambalea,
pero eso es algo que solo entendemos
los que hemos visto a la poesía perder las comillas,
que tu risa astilla la penas,
y que aunque nos encontráramos en medio de una guerra
que por no querer luchar terminamos perdiendo,
encontré la paz en tus maullidos,
y fuiste algo así como volver a casa por primera vez
después de perder mil batallas en la espalda.
Quise decirte que mi papel siempre se redujo
a contemplarte desde lejos y volverte tinta,
que pudimos, y aunque no fuimos,
siempre seremos
-ojalá entiendas eso-,
que nos hicimos el amor una noche que llovimos
y que por eso te llevare conmigo siempre.
Que ojalá la huida hubiera sido de tu cama a la mía,
que ojalá la lucha se hubiera reducido a morderte las caderas
y no a este cansancio lleno de ojeras mudas,
que ojalá volviera a verte cada invierno de mi vida
y vieras que contigo nunca tuve prisa,
porque conocerte es viajar y besar, dulce y lento,
un día de invierno
llenas de frío por fuera
y de amor por dentro.
Y que ojala sonrías,
y no te culpes
ni te castigues:
tu cambias vidas,
pero no destinos.
- Elvira Sastre -
A pesar de que me desperté tarde y no prepare comida, me siento particularmente en paz, llegue a trabajar un poco adormilada pero con una sensación de liberación absoluta.
La conciencia tranquila de que poseo el mando y poder de mis decisiones, la certeza de que la maraña se va a desenredar y puedo entrever de que manera.
Una avena caliente con canela, fresa y coco hicieron que mi cuerpo se sintiera más fuerte... mejor.
Es curioso, como se obtiene bienestar con tan poco... y a decir verdad, me costo muchos años llegar a este equilibrio.
Estoy contenta, de ratos feliz, pero siempre segura de lo que hago y las decisiones que tomo.
Ya son 36 años, de alguna manera tenía que aprender de la vida y evolucionar... de alguna manera seguí adelante y no me detuve.
Gracias a la vida, que me ha dado tanto...
Así me siento, sin espacios en una situación terriblementeabsurda ojala pudiera expresarla, pero la verdad es que aún me da vuelcos en la cabeza;
No se que hacer, no se que pensar, voy a dejar que se quede así rebotando, subiendo, bajando en la espiral absoluta.
Hoy no quiero pensar, ni tomar decisiones, no se si mañana querré solo se que hoy por favor no.